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Los Misterios del Tiempo

Desde que la humanidad empezó a registrar los relatos de su experiencia en este mundo, el tiempo se ha presentado como un concepto que nos intriga. Nuestro único método para explorar la misteriosa cualidad que experimentamos como tiempo ha sido especular sobre su naturaleza. Al no poder atrapar, fotografiar o registrar el tiempo, nos
quedamos con las mediciones relativas de los acontecimientos que ocurren dentro del mismo. Estas mediciones son descritas con frecuencia como «ahora» y «entonces», o como «antes» y «después» del acontecimiento. Las tradiciones indígenas a veces ven el tiempo como un río que fluye en una sola dirección, con las experiencias de la raza humana inextricablemente vinculadas de algún modo a la vida de ese fluir. Otras
tradiciones consideran el tiempo como una senda, que trasciende las membranas del espacio y que se puede recorrer en dos direcciones. Esta perspectiva sugiere que el tiempo se origina en alguna parte y termina en otra, y nos deja que viajemos y
experimentemos los puntos que hay entre medio.

Independientemente de cómo percibimos el espacio que hay entre «entonces» y «ahora», el tiempo se ha convertido en el factor dominante en nuestra forma de ver nuestras vidas. Nuestros días consisten en prepararnos para el futuro, mientras planificamos lo que vamos a hacer al momento, al día siguiente o el próximo año. Desde
los hechos aparentemente insignificantes, como dónde comeremos dentro de veinte minutos, hasta los acontecimientos históricos, como el encuentro de dos naves de distintas
naciones en el espacio, el tiempo es un hilo común que nos une mediante la sincronización de las experiencias en nuestro mundo.

A la luz de las profecías en lo que respecta a nuestras posibilidades para el futuro, nuestra comprensión del tiempo puede tener más importancia ahora que en ningún otro momento de la historia de la humanidad. Hay una antigua escuela de pensamiento, una creencia que ha perdurado durante al menos cinco mil años, que sugiere que el
tiempo y los acontecimientos del futuro no sólo están increíblemente relacionados, sino que también son coherentes y se pueden conocer Además, esta línea de pensamiento sugiere que los acontecimientos catastróficos de las profecías, los que tienen el potencial de amenazar la existencia de nuestra especie, pueden ser conocidos y evita
dos, o al menos, podemos prepararnos para ellos. Un renovado equipo de
investigación, dirigido por destacados físicos y matemáticos de nuestros días, ahora da credibilidad a esta línea de pensamiento. Una cosa parece ser cierta: para comprender la profecía como acontecimientos que suceden en el tiempo, primero hemos de comprender la naturaleza del tiempo.

Las teorías de la física clásica y la física cuántica, divididas en dos líneas de pensamiento, forman el escenario para estas posibilidades. La física clásica es el conjunto de leyes que se utilizaron para explicar nuestro mundo hasta aproximadamente la década de 1920. Las leyes del movimiento de
Isaac Newton, las teorías de la electricidad y el magnetismo de Maxwell y la teoría de la relatividad de Einstein, por ejemplo, fueron útiles para explicarnos los acontecimientos cotidianos hasta esa época. No obstante, las tecnologías que se están desarrollando, han permitido a los científico ver más allá de los hechos cotidianos, y han visto expresiones de la naturaleza que no podían ser explicadas por la física clásica. Desde el mundo de las partículas subatómicas y las galaxias distantes, empezó a emerger una física rectificada para explicar los nuevos fenómenos observados. Al proponer teorías de ciencia ficción de viajar por el tiempo y de universos paralelos, las matemáticas de dichas posibilidades se convirtieron en la ciencia de la física cuántica.

En algunos casos, las dos escuelas de pensamiento no estaban de acuerdo. Una de las claves de la controversia fue si lo que experimentamos en el mundo era producido por una secuencia predeterminada de acontecimientos que podían ser conocidos, o si en el
proceso de la vida había un grado inherente de casualidad. En otras palabras, si pudiéramos identificar todos los acontecimientos que conducen a un momento dado, ¿tendríamos la información necesaria para predecir el resultado de un momento, o habría otro agente de cambio que no se podría explicar en dicho conocimiento?
Formulada en tiempo presente, ¿puede un acontecimiento, que ya se ha puesto en movimiento, cambiar sin una razón física evidente, sin una fuerza que aparentemente actúe sobre él mismo?

La idea de que un resultado específico ocurre debido a acontecimientos anteriores se denomina determinismo. El determinismo, atribuido al filósofo alemán Gottfried Leibniz, afirma que todo lo que presenciamos o experimentamos en nuestro mundo, independientemente de su aspecto fortuito, sucede debido a los acontecimientos que lo han precedido.

La teoría está mejor descrita con las palabras del propio Leibniz: «Nada tiene lugar sin una razón suficiente; es decir, si alguien tiene suficiente conocimiento, siempre puede explicar por qué las cosas pasan de ese modo ». Últimamente, el determinismo ha sido mejor aclarado por cualificados científicos como Jacques Monod, premio Nobel de Biología en 1965. Monod describe su punto de
vista declarando que «cualquier cosa puede ser reducida a simples y obvias interacciones Mecánicas».’