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ARCOS DESCENDENTES Y ASCENDENTES DE LA EVOLUCIÓN

La iniciación de seres humanos no empezó hasta mediados del Periodo de la Tierra, cuando el fuego de la Lemuria Luchaba con las aguas de la Atlántida, pero es verdad, también, que la educación de la humanidad depende la instrucción que hayan tenido sus instructores en la evolución anterior. La actitud asumida por los dos grupos de ángeles ha dado por resultado los movimientos antagónicos anteriormente citados. Los ángeles caídos y el hombre caído están íntimamente unidos en el trabajo del mundo y bajo los gobernantes temporales del mismo. De Lucifer, el Espíritu de Marte, procede la ígnea sangre roja que es vehículo de toda energía material, ambición y progreso; pero es también el vehículo de la pasión que lo mancha o corrompe, habiendo causado que fluya hasta que la tierra se ha hecho roja. De Jehová proviene la Ley restrictiva y el castigo por el pecado.

En Lemuria, la tierra de la Tercer Época, la humanidad fue dividida en sexos; varón y mujer. En aquella epoca habia seres espirituales que estaban sumidos en la materialidad y los precursores escuchaban ávidamente el «evangelio del cuerpo» que presentía confusamente, pero lo aprendieron con el tiempo y el mundo espiritual se esfumó a su vista. Entonces fue cuando los espíritus de Lucifer fueron los maestros de la mujer (Eva), y Jehová enseñó al hombre (Adán). La mujer se hallaba en aquella época más adelantada que el hombre en asuntos materiales, porque entonces nos encontrábamos en el arco descendente del sendero de la evolución.

Cuando el punto de vuelta se pasó a mediados de la época Atlante, la mujer gradualmente se sintió inclinada hacia la espiritualidad. Ella empezó a escuchar la voz de Jehová y a llenar las iglesias en su esfuerzo por satisfacer sus aspiraciones espirituales; mientras que el hombre ahora derrocha su energía marciana en cosas materiales que en su origen fueron apoyadas por el «Inductor de la Luz», Lucifer. Entonces no son enemigos sino aliados opuestos que ayudan a evolucionar

Al igual que la luz blanca cambia su color segun el angulo de refraccion, asimismo el punto de vista del espíritu, cambia con el sexo de su vestidura; pero como quiera que el espíritu alterna entre entre las incorporaciones masculinas y femeninas, podemos nosotros mismos nivelar las balanzas y tomar el sendero que más nos llame, o combinar lo mejor de los dos.

Podemos decir ahora que Aquel que dijo: «Yo soy la Luz verdadera», está al final de la senda. Lucifer y Jehova, por un igual, no son sino escalones del «camino hacia la Verdad y la Vida». Entonces no son enemigos sino aliados opuestos que ayudan a evolucionar